¿Efecto Pigmalión en bibliotecas? Análisis y crítica en torno al Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2019

Por Pedro Lázaro Rodríguez (actualizado el 22/04/2020).

El texto que estaba aquí disponible se publicará próximamente revisado y mejorado en el Anuario ThinkEPI en acceso abierto. Cuando esté disponible, se colocará aquí el enlace.

Mientras tanto, se muestra a continuación el texto original, que ha sido mejorado y revisado para su publicación en la revista anterior.

¿Efecto Pigmalión en bibliotecas? Análisis y crítica en torno al Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2019

Por Pedro Lázaro Rodríguez (28/02/2020).

El viernes 21 de febrero de 2020 llegué a la noticia sobre la presentación del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2019 por parte del ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes. Quisiera compartir aquí unas líneas sobre tres puntos del documento resumen de los resultados que aluden concretamente a las bibliotecas públicas. Se trata de una crítica a ciertos conceptos que se emplean en el barómetro, de una crítica a la interpretación que se hace a algunos resultados, y de una reflexión a partir de uno de ellos. A todo ello añado unas consideraciones relacionadas con el análisis y la evaluación de bibliotecas sobre la necesidad de compararnos con otros países a la hora de analizar y evaluar españolas, y sobre la virtud de llevar a cabo estudios de personas no usuarias de bibliotecas. Espero que todo resulte interesante.

Un 50 por ciento [de los españoles] es lector frecuente, lee al menos una o dos veces por semana”.

En la página 1 del resumen de resultados enlazado anteriormente se afirma eso mismo, que “un 50 por ciento (de los españoles) es lector frecuente, lee al menos una o dos veces por semana”. Al leerlo me ha impactado la definición de persona lectora frecuente como aquella que lee al menos una o dos veces por semana. Así, basta con leer 2 de cada 7 días (un 28% de los días) para que se te considere lector/a frecuente. Me sorprende aun más ver que en la página 11 del informe de resultados del Barómetro de 2018 se define como persona lectora habitual aquella que lee al menos 1 vez al mes. En base a estas definiciones, raro es que España o cualquier otro país no sea un país de personas lectoras habituales e incluso frecuentes. Es como calificar a una persona que hace deporte una vez al mes como deportista habitual; como calificar a la que fuma una vez al mes, como fumadora habitual, etc. Con todo, creo que la definición de frecuencia y hábito podrían considerarse de otra forma en el barómetro.

Esta afirmación también aparece en la página 1. La información se amplía y se basa en unas líneas del gráfico mostrado en la página 8 como contestación a la pregunta “en el último año, ¿Ha ido a alguna biblioteca o bibliobús?”. La respuesta es que el 32% de las personas encuestadas sí ha ido a la biblioteca o a un bibliobús en el último año. También lo es que el 68% no. Se lee también en dicha página que “la nota de media que otorgan los españoles a su biblioteca habitual es de notable alto, con un 8.3”.

Aquí vendría bien tener en cuenta el principio de identidad de la lógica, ese que dice que A es igual a A. Considero que es un error confundir a “los españoles” (la totalidad, el 100%), con “los españoles que han ido a la biblioteca o a un bibliobús en el último año” (que son el 32% del total). Así, el 8.3 de valoración es de quienes han ido, que son el 32% de la población o de las personas encuestadas. Lo más importante a tener en cuenta de todo esto es que hay un 68% de personas que no han ido a la biblioteca o a un bibliobús en el último año. Básicamente casi se puede decir que 3 de cada 4 personas no han ido a una biblioteca a un bibliobús en el último año en nuestro país.

La valoración de 8.3 de notable alto que otorgan una parte de la totalidad de personas españolas a su biblioteca habitual queda bastante en entredicho y en evidencia con la valoración media del grado de interés en la asistencia a bibliotecas que se recoge en la Encuesta de hábitos y prácticas culturales 2018-2019. En el epígrafe 3.1 de la página 153 (también en el 3.42) se lee que el grado de asistencia es de 3.1 sobre 10. En el epígrfe 3.2, página 156 de dicha encuesta, se lee también que el 26.8% de la población fue o accedió a una biblioteca en el último año (o lo que es lo mismo, que el 73.2% no lo hizo), resultado que aporta evidencias al hecho de que 3 de cada 4 personas no han ido a la biblioteca en el último año en España mencionado en el párrafo anterior. Con todo, la afirmación de que “la nota de media que otorgan los españoles a su biblioteca habitual es de notable alto, con un 8.3”, podría mejorarse especificando que es la valoración del 32% de la población que ha ido a la biblioteca en el último año, y complementarse con eso de que 3 de cada 4 personas no han ido a la biblioteca en el último año y con eso de que la valoración del grado de interés por asistir a bibliotecas es de 3.1 sobre 10.

Sobre esta afirmación me ha surgido una reflexión relacionando esos 10.9 libros que se leen de media en España con los préstamos que se producen en las bibliotecas públicas españolas. Según los datos ofrecidos por la web Bibliotecas públicas españolas en cifras del año 2017 (último año disponible), los préstamos por habitante en España son de 1.01. La diferencia respecto de los 10.9 que se afirma se leen de media en España, es de 9.89. Con todo, este cálculo podría utilizarse para vislumbrar el margen de mejora de las bibliotecas públicas como medio para la lectura de libros en nuestro país, pues las bibliotecas públicas estarían cubriendo tan solo el 9% de la lectura que la población lleva a cabo (1.01 préstamos respecto de 10.9 como número medio de libros leídos, y aceptando que cada préstamo de libro supone de hecho su lectura). Este escaso porcentaje puede relacionarse con el poco interés de la población a la asistencia a bibliotecas del punto anterior.

Algunas consideraciones:

  1. Sobre la necesidad de compararnos con otros países a la hora de analizar y evaluar las bibliotecas españolas.

Durante los últimos 4 años he tenido la oportunidad de hacer varias estancias de investigación, dos en Tampere (Finlandia) con Pertti Vakkari, y una en Ámsterdam (Países Bajos) con Frank Huysmans. Allí he conocido, disfrutado y aprendido sobre las bibliotecas públicas y la lectura de esos países. Hace poco veía una breve entrevista a Sami Serola, investigador también de la Universidad de Tampere y coautor con Pertti Vakkari de algunas publicaciones sobre bibliotecas públicas. En la entrevista habla de un estudio que publicaron sobre las bibliotecas de Finlandia, y Sami Serola afirma, también aludiendo a otros estudios, que el 80% de la población de Finlandia había asistido al menos una vez a la biblioteca pública en el último mes. En España, tal y como se ha mencionado en los puntos anteriores, resulta que el 68% de la población según el barómetro de 2019 no ha acudido a una biblioteca en el último año y que el 73.2% no lo ha hecho según la Encuesta de hábitos y prácticas culturales 2018-2019 también mencionada antes.

En un artículo que se publicó en BiD en 2018 añadíamos una tabla comparando los préstamos y visitas por habitante en 17 países europeos con datos de EBLIDA para 2012-2013. España aparecía la penúltima en préstamos con 1.30, lejos de los 4.11 de la media europea; y en visitas justo por debajo de la media europea (2.39 y 3.04 respectivamente). Finlandia encabezaba las dos listas con 17.96 préstamos por habitante y con 9.73 visitas. Países Bajos también obtenía buenos resultados por encima de la media europea con 5.97 préstamos y 3.56 visitas. Mientras tanto, en comunidades autónomas como Andalucía, se necesitan 3 personas para conseguir un préstamo al año en bibliotecas públicas (los préstamos per cápita en 2017 en la web Bibliotecas públicas en cifras son de 0.37); e incluso los resultados más altos de comunidades como Cataluña (1.82) y Castilla y León (1.75), quedan aun muy lejos de los 4.11 de la media europea en 2012-2013.

Me preguntan a menudo mi opinión por haber estado allí sobre la diferencia entre el sistema de bibliotecas públicas de España y Finlandia. Eso es algo que Pertti Vakkari y yo tratamos en un paper publicado en REDC en 2018. Cuando estuve en Finlandia también conocí a Ilkka Mäkinen, gran amigo de Pertti y especializado en la historia de las bibliotecas de los países nórdicos. En el capítulo titulado “The golden age of Finnish public libraries: institutional, structural and ideological background since the 1960's” del libro editado por él mismo “Finnish public libraries in the 20th century”, puede verse la evolución de las bibliotecas de Finlandia desde 1960. Un punto importante que resaltamos en el artículo de REDC en referencia al trabajo de Mäkinen es la publicación de la Library Act de 1961, una ley sobre bibliotecas a nivel nacional en Finlandia, cuyos objetivos principales fueron los de superar las diferencias entre entornos rurales y urbanos y el de aumentar el uso de las bibliotecas en ambos entornos. Ambos objetivos se consiguieron, pasando de unos préstamos por habitante de 1.5 en 1960 a los 19.9 en 1990. Los 1.5 de Finlandia en 1960 se parecen a los préstamos actuales en España. Puede argumentarse que no fue solo suficiente con la publicación de dicha ley. Tal y como muestra Mäkinen, el éxito en lo relacionado a las bibliotecas se vio potenciado también por el desarrollo del estado de bienestar en general, y otros factores en particular como el sistema educativo, el aumento de la educación superior, o la liberalización general del ambiente cultural en la misma época. Pero desde luego sí fue algo necesario.

Con todo, una ley a nivel nacional para todas las bibliotecas en España podría ser un buen punto de partida tomando como modelo de buenas prácticas políticas el caso de Finlandia. Hasta 2018 y 2019, siempre que hacía referencia a la Library Act de 1961 de Finlandia, añadía que en España alguna comunidad autónoma carecía aun de una ley sobre bibliotecas. Y esa ha sido la realidad hasta hace poco, resultando la comparativa bastante desfavorable para España: en Finlandia se planteó una ley sobre bibliotecas a nivel nacional en 1961, mientras que en España en 2019 Canarias publicó su primera ley sobre bibliotecas. Así, podría incluso pensarse que vamos 58 años tarde.

La alusión al ejemplo de otros países la hago para subrayar la importancia de incluir estas comparaciones cuando analizamos o evaluamos la realidad de las bibliotecas públicas y la lectura en España. Por eso celebro que en la página 36 del último informe de Fesabid titulado “Las bibliotecas públicas en España: diagnóstico tras la crisis económica” se haga referencia a los resultados de otros países de Europa. No obstante, debería hacerse más a menudo. Se trata de conocer lo que es y lo que podría ser. Reconocer y conocer los modelos de buenas prácticas de otros países permitiría aplicarlos en nuestro país, pero solo si somos conscientes de ellos y no los ignoramos.

  1. Sobre la virtud de llevar a cabo estudios de personas no usuarias de bibliotecas.

Los estudios de satisfacción de personas usuarias en bibliotecas ayudan a mejorar los servicios en base a las valoraciones concretas de dichas personas. Un ejemplo de ello es el conocido modelo o metodología Libqual. Eso está muy bien. Pero, si como parece estar sucediendo en España, el 75% de la población no ha acudido a una biblioteca en el último año (es decir, 3 de cada 4 no acuden), puede inferirse que obtendremos información en relación a un mayor porcentaje de la población si la investigación sobre bibliotecas se centrase (también y especialmente) en las personas no usuarias. Un buen ejemplo de ello es el artículo titulado “La biblioteca pública vista por las personas no usuarias”, de Mireia Fernández-Ardèvol, Núria Ferran-Ferrer, Javier Nieto-Arroyo y Carme Fenoll. En definitiva, puede considerarse de mayor interés desarrollar estudios para conocer las razones por las que 3 de cada 4 personas no acuden a la biblioteca, además (o en vez) de celebrar que las pocas que van la valoran con un notable alto.

A modo de conclusión

Como conclusión, creo que al tratar del análisis de bibliotecas públicas (y en realidad, de cualquier otra cosa), hay que ajustarse a la realidad, a lo que es. Hay que hacer una buena interpretación de la información que se obtiene. También creo necesario para tal análisis plantearse no solo lo que es, sino también lo que podría ser, y eso podría hacerse mirando a las bibliotecas de otros países de Europa. Considero que lo primero no sucede en el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2019, concretamente en lo que a bibliotecas públicas se refiere. Lo único que atisbo como posibilidad o intención de quienes han publicado el Barómetro y su interpretación, al menos en lo referente a bibliotecas públicas, es que estén aplicando lo que en el campo de la educación y la pedagogía se conoce como efecto Pigmalión. Dicho fenómeno toma su nombre de un mito griego: muy resumido, Pigmalión esculpió una estatua y se enamoró de ella; de tanto desear que cobrase vida, al final lo consiguió (con un toque de ayuda de Afrodita). En educación y pedagogía se explica como que las expectativas positivas o negativas que las personas docentes tienen sobre quienes ejercen la docencia, producen de hecho efectos positivos o negativos respectivamente en esas personas. En realidad, no creo que esa haya sido la intención de la interpretación dada en el barómetro. Pero si así fuera, considero que al menos las personas profesionales del sector y las que investigamos sobre bibliotecas públicas tenemos que conocer la realidad tal y como es. Y estas líneas tienen esa intención.

Pedro Lázaro Rodríguez – pedrolr(at)ugr(dot)es http://wpd.ugr.es/~pedrolr/